La Ciudad se sumó al Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas y ya permite conocer, con una escala de la A a la G, cuánta energía consume cada inmueble.

A partir de ahora, cada vivienda porteña va a poder tener su propia “etiqueta energética”, tal como pasa hace años con heladeras o lavarropas. La Ciudad de Buenos Aires habilitó formalmente la emisión de Etiquetas de Eficiencia Energética para viviendas, una herramienta que promete transformar la manera en que se compran, alquilan y reforman los inmuebles porteños. 🏠🔋

“Esta certificación brinda información clara y estandarizada sobre el comportamiento energético de cada vivienda”, explicaron desde la Subsecretaría de Ambiente, y remarcaron que el sistema busca convertirse en una herramienta de consulta clave para quienes están pensando en comprar, alquilar o encarar una mejora en su hogar.

La novedad es posible gracias a la adhesión porteña al Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (PRONEV), un esquema que ya vienen aplicando otras 16 jurisdicciones del país y que busca unificar los criterios de evaluación energética a nivel nacional. Repasemos los puntos clave del anuncio:

  • La escala va de la A (mayor eficiencia) a la G (menor desempeño) 📊
  • La Subsecretaría de Ambiente porteña será la encargada de administrar el programa
  • La adhesión al sistema es totalmente voluntaria
  • Quienes quieran la etiqueta deben contactar a un etiquetador habilitado
  • Hay un correo específico para consultas: etiquetadodeviviendas@buenosaires.gob.ar

La presentación se realizó en el auditorio de la sede de Gobierno porteña, con la bienvenida de Natalia Persini, Subsecretaria de Ambiente, junto a Antonio Milanese, Subsecretario de Eficiencia e Información Energética de la Nación. También participaron de los paneles Horacio Risso, Marco Massacesi, Blanca Caffaro, Roque Stagnitta, y representantes de colegios profesionales como el CPIC, COPITEC, CPAU y la Sociedad Central de Arquitectos, entre otros especialistas del sector.

Mi lectura del anuncio es la siguiente: durante años, en Argentina fue prácticamente imposible saber, al comprar o alquilar una vivienda, cuánto iba a costar realmente calefaccionarla, refrigerarla o mantenerla habitable durante todo el año. Esa información quedaba librada al boca a boca o directamente se descubría con la primera factura de gas. Con este sistema de etiquetado, esa incertidumbre empieza a desaparecer: cualquier persona va a poder comparar el desempeño energético de dos propiedades igual que compara la eficiencia de dos heladeras en una góndola. Pero el impacto no es solo para el bolsillo del comprador o inquilino: al fomentar construcciones más eficientes y motivar mejoras en viviendas ya existentes, el programa apunta directamente a reducir el consumo energético general, bajar los costos de los servicios y, como consecuencia directa, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Es, en definitiva, una política que combina bolsillo y ambiente en un mismo instrumento.

Con esta adhesión, Buenos Aires se suma a un mapa cada vez más amplio de jurisdicciones que apuestan a la transparencia energética como herramienta de cambio. El desafío ahora es que propietarios e inquilinos empiecen a tomarle la mano a esta nueva etiqueta.