La Ciudad presentó un protocolo que busca instalar una verdadera cultura del cuidado en las escuelas porteñas. A partir de ahora, alumnos, docentes y personal escolar deberán dejar ordenados y limpios los espacios comunes al final de cada día de clases.

“Durante años se instaló la idea de que romper, ensuciar o no cumplir las reglas daba lo mismo. Siempre había un ‘otro’ que se hacía cargo”, disparó el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, al presentar la iniciativa, dejando en claro que el objetivo va mucho más allá de una simple cuestión de limpieza.

El Ministerio de Educación porteño bautizó a esta iniciativa como “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”, y su principal novedad es que, por primera vez, ordena y unifica prácticas que hasta ahora dependían de la voluntad de cada institución. Estos son los puntos centrales:

  • Alumnos, docentes y personal escolar deberán dejar aulas, patios, comedores y espacios comunes limpios y ordenados al finalizar la jornada.
  • La medida alcanza a todos los niveles y modalidades educativas, tanto de gestión estatal como privada.
  • Los estudiantes también deberán cuidar el mobiliario y evitar la vandalización de paredes, baños y espacios verdes.
  • Los docentes tendrán la tarea de acompañar y construir estos hábitos junto a los alumnos.
  • Los equipos directivos serán los responsables de liderar la implementación en cada escuela.
  • Los daños intencionales que no requieran atención inmediata (como grafitis en bancos o paredes, o rotura de mobiliario) serán abordados directamente por la comunidad educativa del establecimiento.

Según explicaron desde la Ciudad, algunas escuelas ya venían trabajando de forma aislada en este tipo de prácticas, pero faltaba un marco común que le diera organización y sentido de conjunto a todo el sistema educativo porteño.

Más allá de la limpieza en sí misma, lo que busca este protocolo es instalar una idea de fondo: que las acciones tienen consecuencias y que cuidar lo común también es parte de la formación escolar. Al definir un rol específico para cada actor —alumnos, docentes y directivos— la Ciudad apunta a que el cuidado del espacio deje de ser una tarea invisible a cargo de “otro” (generalmente el personal de limpieza o mantenimiento) y se convierta en una responsabilidad compartida por toda la comunidad educativa. Es, en el fondo, una apuesta pedagógica: enseñar desde el aula que el respeto por las reglas y por los espacios compartidos no es un detalle menor, sino parte central de la formación de cualquier estudiante.

La Ciudad busca que el cuidado escolar deje de ser una excepción y se convierta en una práctica cotidiana, con roles definidos para cada integrante de la comunidad educativa. Como resumió Macri: “Nosotros creemos en una educación con cultura del orden y respeto por las reglas. Una educación donde los chicos aprendan desde el principio que no da todo lo mismo”.

En ese sentido, “escuelas limpias” resume el objetivo del “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”, que apunta a:

  • Que alumnos y docentes dejen ordenados los espacios comunes al finalizar cada jornada (aulas, patios, comedores).
  • Que se cuide el mobiliario escolar y se eviten daños intencionales como grafitis o roturas.
  • Que cada actor de la comunidad educativa tenga un rol específico en ese cuidado (alumnos, docentes, directivos).
  • Que los daños ocasionados sean abordados por la propia comunidad escolar, y no queden como responsabilidad exclusiva de terceros.

La lógica de fondo es pedagógica: no se trata solo de higiene o estética, sino de instalar en los estudiantes la idea de que cuidar los espacios compartidos es parte de su formación y que las acciones tienen consecuencias.