Con una caminata simbólica y gafas que simulan el efecto del alcohol, la Ciudad conmemoró el Día Mundial del Peatón en pleno centro porteño.

Cruzar la calle es un gesto tan cotidiano que casi nunca lo pensamos dos veces. Y sin embargo, ese acto automático es, muchas veces, el momento más vulnerable de nuestro día. Con esa premisa como bandera, la Ciudad de Buenos Aires organizó una jornada de concientización en la peatonal Florida para recordarnos algo que solemos olvidar en la vorágine urbana: todos, tarde o temprano, somos peatones 🙋‍♂️🙋‍♀️

La actividad fue impulsada de manera conjunta por la Dirección General Cuerpo de Agentes de Tránsito y la Dirección de Seguridad Vial, con la presencia del director general de Agentes de Tránsito, Leandro Ricciardi, quien encabezó la propuesta junto a un grupo de organizaciones que conocen el tema desde el lugar más doloroso posible: haber perdido a un ser querido en la vía pública.

Y ahí está, para mí, uno de los puntos más fuertes de esta jornada: no fue solo una campaña institucional, sino que estuvo atravesada por la presencia de quienes viven en carne propia las consecuencias de la inseguridad vial. Participaron la Red Nacional de Familiares de Víctimas de Tránsito, Grupo JEN, Fundación Estrellas Amarillas La Pampa y MINU, además de familiares que se sumaron a título personal, como Cristina García, Patricia Sánchez, Mónica Pueblas y Mónica González, quienes le pusieron voz y memoria a cada mensaje compartido durante el recorrido.

Bajo el lema “Cada Paso Cuenta”, así se desarrolló la propuesta:

🚸 Una caminata simbólica por la peatonal Florida, entre avenida Rivadavia y Plaza San Martín.
🚸 Interacción directa con los transeúntes para transmitir mensajes de movilidad segura.
🚸 Entrega de notas educativas organizadas según los colores del semáforo: qué hacer, qué evitar y qué reflexionar.
🚸 Uso de gafas simuladoras de alcoholemia, para que cualquiera pudiera experimentar en carne propia cómo el alcohol altera el equilibrio, la coordinación y la percepción.
🚸 Foco especial en conductas clave: cruzar por la senda peatonal, respetar los semáforos, mirar antes de avanzar y dejar el celular guardado al cruzar.

Lo que más me interesa remarcar de toda esta iniciativa es, justamente, la lógica detrás de las gafas simuladoras de alcoholemia. Es una herramienta pedagógica que va mucho más allá de la teoría: permite que la persona sienta, aunque sea por unos segundos, lo que implica intentar caminar o cruzar una calle con los sentidos alterados. Esa experiencia sensorial genera una toma de conciencia mucho más profunda que cualquier folleto, porque no apela solo a la razón sino también a la vivencia directa. Y en un contexto donde buena parte de los siniestros viales están vinculados al consumo de alcohol, esta clase de propuestas se vuelve una herramienta preventiva tan simple como efectiva.

La seguridad vial no depende solo de las autoridades ni de las señales de tránsito, sino de un compromiso colectivo donde cada cruce, cada mirada antes de avanzar y cada gesto de respeto hacia el otro puede ser la diferencia entre llegar bien a destino o no llegar. Una reflexión simple, pero que vale la pena llevarse puesta cada vez que salimos a caminar por la Ciudad.