Después de tres décadas de abandono, drogas e inseguridad, el Gobierno porteño desalojó un edificio de 8 pisos en Manuela Pedraza al 1800, donde llegaron a vivir más de 100 personas sin luz ni gas.
Treinta años. Ese es el tiempo que un edificio de ocho pisos y 32 departamentos estuvo tomado en pleno barrio de Núñez, a metros de la estación de tren y a pocas cuadras de la Avenida del Libertador. Hoy, por fin, la Ciudad le puso punto final a esa historia: mediante una orden judicial, se ejecutó el desalojo de la propiedad ubicada en Manuela Pedraza 1875, entre Grecia y 3 de Febrero, que llegó a albergar a más de 100 personas viviendo sin servicios básicos.
“La usurpación de un inmueble no solo perjudica al propietario; también al barrio, porque se instala el mal en la cuadra”, advirtió el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, al referirse al operativo. Una frase que resume el espíritu de una política que el Ejecutivo porteño viene sosteniendo desde hace tiempo y que, según aseguran, ya empieza a mostrar resultados concretos en las calles.
Para el operativo de esta jornada se desplegó un esquema conjunto entre distintas áreas del Gobierno: participaron efectivos de la Policía de la Ciudad, personal de la Agencia Gubernamental de Control, equipos de Emergencias, la Red de Atención, la Guardia de Auxilio y el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Los datos del caso son contundentes:
- 🏗️ Edificio de 8 pisos y 32 departamentos, sin luz ni gas.
- 📆 Tomado ilegalmente desde hace 30 años.
- 👥 Más de 100 ocupantes, en su mayoría de nacionalidad peruana, boliviana y paraguaya.
- 📍 Ubicado a una cuadra de la estación Núñez y a cuatro de Av. del Libertador.
- 💰 Desde diciembre de 2023, la Ciudad ya devolvió 937 propiedades a sus dueños, por un valor estimado de 500 millones de dólares.
Ya en abril de este año, inspecciones oficiales habían detectado que la estructura del edificio estaba en estado crítico. “Hasta hubo incendios intencionales adentro y de milagro no hubo víctimas”, relataron vecinos de la zona, que durante años convivieron con un foco de inseguridad a metros de sus casas. El inmueble, repleto de chatarra y basura acumulada, fue finalmente limpiado y tapiado para impedir una nueva toma.
Cuando un edificio queda tomado durante décadas, no solo se pierde una propiedad: se genera un vacío que rápidamente ocupan otras problemáticas mucho más graves. Droga, trata de personas, talleres clandestinos con trabajo esclavo. Es decir, la usurpación funciona como una puerta de entrada para delitos conexos que terminan degradando la seguridad de todo el barrio, no solo del inmueble en cuestión. Por eso, en las zonas donde el Gobierno porteño avanzó con desalojos similares, los índices delictivos mostraron una baja sostenida, según datos oficiales. Es la lógica detrás de esta estrategia: recuperar un edificio es, en el fondo, recuperar una cuadra entera.