Comprar un electrodoméstico nuevo ya no implica mirar solamente el precio. La eficiencia energética puede convertirse en un factor clave para gastar menos durante años y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental. En la Ciudad recomiendan prestar especial atención a las etiquetas que indican cuánto consume cada equipo.

A la hora de renovar una heladera, un lavarropas, un aire acondicionado o incorporar tecnología para el hogar, el precio que aparece en la vidriera es apenas una parte de la cuenta. En Retiroweb, ponemos el foco en un dato que muchas veces queda relegado: cuánta energía necesita el aparato para funcionar. Elegir un modelo eficiente puede representar un desembolso inicial mayor, pero también generar un ahorro sostenido a lo largo de su vida útil.

La Subsecretaría de Ambiente recomienda revisar la etiqueta de eficiencia energética antes de concretar la compra. Allí se puede identificar de manera rápida el nivel de consumo y comparar diferentes alternativas. La sugerencia es apuntar a equipos ubicados en las categorías más eficientes: A+ o superiores, de acuerdo con la escala vigente, o C o superiores según el nuevo sistema de etiquetado.

¿Por qué importa tanto la etiqueta?

Cuando elegimos un electrodoméstico, solemos concentrarnos en sus funciones, tamaño, diseño o precio. Sin embargo, el consumo que tendrá durante los años de uso también forma parte del costo real del producto.

La etiqueta energética funciona como una herramienta sencilla para tomar esa decisión con mayor información. Cuanto más eficiente sea el equipo, menor será la energía necesaria para brindar una prestación similar.

Entre las tecnologías que aparecen vinculadas con un menor consumo se destacan:

  • Iluminación LED, que permite obtener buena capacidad lumínica utilizando menos electricidad.

  • Tecnología inverter, presente en distintos equipos y diseñada para optimizar el consumo energético.

  • Electrodomésticos con categorías altas de eficiencia, que pueden reducir el gasto de energía durante su funcionamiento.

Para mí, el punto central está justamente ahí: no alcanza con mirar cuánto cuesta comprar un producto. También hay que pensar cuánto nos va a costar mantenerlo funcionando durante los próximos años.

La decisión de compra también tiene una dimensión ambiental. De acuerdo con el Inventario de Gases de Efecto Invernadero correspondiente a 2023, el sector residencial representa el 27% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Ciudad de Buenos Aires.

Por eso, reducir el consumo energético de los hogares puede contribuir a disminuir las emisiones asociadas al uso de energía y acompañar una estrategia de mayor sostenibilidad urbana.

En otras palabras, una elección que parece estrictamente doméstica puede tener un impacto que va más allá de la factura mensual. Si miles de hogares incorporan equipos que consumen menos, la demanda energética residencial también puede reducirse.

Además del beneficio que puede generar el menor consumo durante la vida útil del producto, la iniciativa contempla una promoción para determinadas compras.

El beneficio está disponible exclusivamente para operaciones realizadas con tarjetas del Banco Ciudad, abonando mediante QR a través de las aplicaciones App Ciudad o Buepp.

Esto alcanza a productos vinculados con la eficiencia energética y la movilidad sostenible, por lo que antes de comprar conviene revisar las condiciones específicas de la promoción y verificar que el producto elegido esté contemplado.

La verdadera diferencia de un equipo eficiente se acumula con el tiempo: un menor consumo de electricidad o gas puede traducirse en facturas más bajas durante todo el período en que el producto permanezca en funcionamiento.

La recomendación, entonces, es simple: antes de sacar la tarjeta y llevarse el producto, mirar la etiqueta, comparar categorías y calcular el consumo que tendrá durante su vida útil.