Cincuenta estudiantes secundarios de escuelas públicas y privadas de la Ciudad cambiaron por un día los métodos tradicionales de aprendizaje por una experiencia de ciencia y tecnología: construyeron cohetes a escala, programaron sensores y prepararon sistemas capaces de registrar información durante un vuelo.
Los estudiantes tuvieron que diseñar, ensamblar, programar y resolver problemas concretos, convirtiendo conocimientos de aula en una misión aeroespacial que los puso frente a un desafío tecnológico real.
“De esta vivencia lo que más nos llevamos es el compañerismo, trabajar con otras personas de otros colegios y la experiencia de formar parte de un equipo”, destacó Ámbar, estudiante de la Escuela Normal Superior N.° 9.
La actividad se desarrolló en el Centro de Simulación de la Ciudad como parte de la etapa final de un proyecto impulsado por el Ministerio de Educación porteño, en articulación con Space Academy Camp, Space Education Foundation, la Escuela de Modelismo Espacial Cóndor, Acema y Skytec.
El objetivo fue acercar a los jóvenes al universo de la astronáutica, la tecnología aeroespacial y las disciplinas STEM, mediante una propuesta en la que cada etapa debía resolverse con conocimientos científicos y herramientas tecnológicas.
Antes de llegar a esta jornada, los estudiantes trabajaron en el diseño y construcción de un cohete funcional. También utilizaron el simulador OpenRocket para analizar su comportamiento y ajustar aspectos del proyecto antes de pasar a la construcción física.
En la última etapa llegó uno de los desafíos más interesantes: desarrollar la carga útil, es decir, el sistema que viajará dentro del cohete y tendrá la tarea de recopilar información durante la misión.
Durante la jornada, los estudiantes trabajaron con distintos componentes electrónicos:
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💻 Arduino Nano, utilizado como plataforma de programación y control.
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🌡️ Sensores de temperatura y humedad, destinados a registrar variables ambientales.
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🌬️ Sensor de presión atmosférica, para obtener información durante el vuelo.
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💾 Módulo de memoria SD, encargado de almacenar los datos recopilados.
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🛰️ Un sistema completo de carga útil, que posteriormente será incorporado al cohete.
La tarea no consistió simplemente en conectar piezas. Los jóvenes tuvieron que ensamblar los componentes, programar el dispositivo y comprobar que el sistema pudiera cumplir con la misión prevista.
Si un sensor no responde, si una conexión falla o si el programa necesita ajustes, los estudiantes deben encontrar el problema y buscar una solución.
La experiencia también puso en primer plano una cuestión que muchas veces queda detrás de los resultados técnicos: la posibilidad de trabajar con otros.
Los 50 participantes pertenecen a distintas escuelas secundarias de la Ciudad y tuvieron que compartir conocimientos, tareas y decisiones con compañeros que no necesariamente conocían antes de comenzar el proyecto.
Martina, del Colegio Lincoln, resumió su experiencia desde ese lugar: “Toda esta actividad fue muy interesante, aprendí sobre programación, sobre cohetes y trabajé con gente muy buena onda”.
El proyecto también busca acercar a los adolescentes a las disciplinas STEM, sigla que reúne Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. En este caso, esos conocimientos no aparecen separados, sino integrados dentro de una misma misión.
Para Juan Martín, del Instituto Virgen del Pilar, la propuesta también abre una puerta hacia posibles intereses profesionales. “Además de que se aprende mucho, me parece importante el desarrollo de actividades cercanas al espacio”, señaló, al considerar que este campo puede tener un papel importante en el futuro.
Los estudiantes pasan de escuchar conceptos sobre programación, física o tecnología a utilizarlos para resolver una misión concreta.
La carga útil resume ese desafío: sensores, memoria y programación deben funcionar como un único sistema capaz de recolectar información. En otras palabras, los jóvenes no solo estudian tecnología: la construyen, la prueban y deben hacerla funcionar.
Y hay otro aprendizaje que se considera fundamental: la ciencia también se construye en equipo. Compartir conocimientos entre escuelas y resolver problemas junto a otros estudiantes convierte al proyecto en una experiencia técnica, pero también social.