Jorge Macri y el cardenal Koovakad, enviado del Vaticano, encabezaron un encuentro histórico con representantes de todas las comunidades de fe porteñas.

Pocas veces se ve algo así bajo un mismo techo: católicos, judíos, musulmanes, evangélicos, budistas, hindúes y cristianos armenios compartiendo la misma mesa. Eso fue exactamente lo que sucedió esta semana en el Salón Dorado del Teatro Colón, donde el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, recibió al cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso del Vaticano, junto a más de 40 autoridades de distintas fes. 🙏

“Estamos por vivir un momento muy especial con la visita del papa León XIV. Buenos Aires es una Ciudad con una diversidad religiosa que nos identifica y enriquece”, remarcó Macri durante el encuentro, que se realizó bajo el lema “Diálogo en la diversidad, camino compartido hacia la fraternidad”.

El evento reunió a un mapa religioso realmente amplio de la Ciudad. Repasemos algunos de los nombres que dijeron presente:

  • El arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge García Cuerva.
  • El presidente de la DAIA, Mauro Berenstein, y el titular de la AMIA, Osvaldo Armoza.
  • El Gran Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra, y la rabina Silvina Chemen, vicerrectora del Instituto Universitario Isaac Abarbanel.
  • El presidente del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA), Omar Helal Massud.
  • El titular de ACIERA, Christian Hooft, y Ángel José Macín, de la Comisión Episcopal de Ecumenismo.
  • Representantes de comunidades budistas, de matriz afro, bahá’í, hinduistas y cristianos armenios.

El gran protagonista invitado fue el cardenal Koovakad, distinguido por la Ciudad como Visitante Ilustre. Antes de asumir su cargo actual, fue el encargado de organizar los viajes apostólicos del papa Francisco, y no dudó en traer su memoria al centro de la charla: recordó las palabras del propio Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, donde el objetivo del diálogo interreligioso se plantea como el camino hacia la amistad, la paz y los valores compartidos. Según explicó, construir ese puente exige reconocer al otro como igual pese a las diferencias, y requiere algo tan simple como difícil: escuchar sin prejuicios y hablar con palabras prudentes, algo que —según sus palabras— ya se respira en el espíritu abierto de Buenos Aires.

Buenos Aires se prepara para recibir próximamente al papa León XIV, y encuentros como este funcionan como un gesto político y espiritual a la vez: mostrarle al mundo que la Ciudad puede ser anfitriona de una convivencia religiosa genuina, no solo protocolar. En una época donde las tensiones entre comunidades de fe suelen ocupar más titulares que los consensos, sentar en la misma sala a referentes de tradiciones tan distintas —y lograr que hablen de fraternidad en lugar de diferencias— es en sí mismo un mensaje. El Gobierno porteño buscó capitalizar ese simbolismo, presentándose como articulador de un diálogo que excede lo religioso y toca la identidad misma de una Buenos Aires diversa.