Buenos Aires le pone freno a los edificios viejos y apuesta por una salud pública más moderna.

El Ministerio de Salud porteño acaba de cerrar la primera etapa de una obra que promete cambiarle la cara —literal— al Anexo del Instituto de Rehabilitación Psicofísica. Y no es un lavado de manos estético, che, es una intervención estructural en serio. 🔨

“No alcanza con pintar paredes”, me repito cada vez que reviso este tipo de proyectos. Acá hablamos de demoler, reorganizar y repensar cómo funciona un hospital por dentro, algo que impacta directo en la vida de pacientes y trabajadores todos los días.

  • Se demolió por completo el segundo piso del Anexo, incluyendo el tanque de agua y la sala de máquinas del ascensor central.
  • Se dejó en pie únicamente el sector donde funcionan las bombas de incendio y los termotanques, algo clave para la seguridad edilicia.
  • Se viene una azotea completamente nueva, pensada para las necesidades actuales del instituto.
  • El primer piso se readecúa entero: ahí se mudan Dirección, Administración y Farmacia Hospitalaria.

En Dirección, por ejemplo, van a tener oficinas propias de dirección y subdirección, una secretaría con dos puestos de atención al público —nada de hacer cola en pasillos angostos—, sala de reuniones, depósito de muestras de medicamentos y hasta la oficina de la jefatura del departamento médico.

El área administrativa tampoco se quedó afuera: gerencia administrativa, facturación, patrimonio y suministro, tesorería, contable, compras y personal, todo reorganizado con espacios de atención diferenciados para pacientes y para el propio personal. Sumale office, comedor y sanitarios, porque bienestar laboral también es salud. 💪

Y acá viene lo que a mí más me interesó: la nueva Farmacia Hospitalaria. Va a tener jefatura propia, sector de registro y control de medicamentos, ventanillas separadas para pacientes ambulatorios e internados, recepción de medicamentos y un espacio pensado específicamente para la preparación de unidosis. Como periodista que cubre salud hace tiempo, sé lo que significa esto: menos errores en la dispensación y circuitos más seguros para quien necesita su medicación todos los días.

Como si fuera poco, la obra también incluye refuerzo estructural en el comedor y la cocina, y reparación de las cubiertas de la Capilla y el Museo del instituto, dos espacios con un valor simbólico enorme para quienes transitan el IREP hace años.

Acá quiero pararme un segundo, porque a veces las obras públicas se leen como una lista fría de tareas y se pierde lo esencial. El IREP no es un edificio cualquiera: es un centro donde se trabaja la rehabilitación psicofísica, un área sensible que exige espacios seguros, accesibles y bien organizados. Una farmacia mal distribuida puede significar demoras en tratamientos; una dirección sin infraestructura adecuada puede trabar gestiones administrativas que después impactan en la atención. Modernizar estos espacios no es solo estética institucional: es garantizar que el sistema de salud funcione mejor para quien más lo necesita. 🧩

Esta primera etapa deja el terreno preparado para lo que viene, y si algo demuestra es que las obras de salud pública, cuando se piensan en serio, terminan mejorando la vida cotidiana de mucha gente. Desde Retiroweb vamos a seguir de cerca cada avance de esta transformación en Belgrano. 📍✨