El festival cerró con récord de funciones y una gran noticia: “Plata o mierda”, la ganadora argentina, se estrena de inmediato en el Gaumont.

Once días, cientos de películas y una certeza que vuelve a repetirse: el cine independiente sigue más vivo que nunca en Buenos Aires. Estuve siguiendo de cerca el cierre del BAFICI 27 y la sensación es clara: no terminó, apenas cambia de pantalla.

“En Buenos Aires, el cine es parte del pulso cotidiano”, se deslizó durante la ceremonia en la Usina del Arte, donde el director artístico Javier Porta Fouz encabezó una premiación atravesada por emoción, memoria y nuevos talentos.

El BAFICI 27 llegó a su fin con números que hablan por sí solos: más de 700 funciones y 327 películas proyectadas a lo largo de once días. Una edición intensa que, desde mi mirada, consolidó al festival como uno de los espacios más importantes para el cine independiente en la región.

Entre lo más destacado de esta edición:

  • La gran ganadora de la Competencia Oficial Argentina fue “Plata o mierda”, de Toia Bonino y Marcos Joubert.
  • La película tendrá un estreno inmediato en el Cine Gaumont, del 30 de abril al 6 de mayo a las 20.15.
  • El Gran Premio Ciudad de Buenos Aires fue para “Los vencedores”, de Pablo Aparo.
  • “Machado”, de Julián Tagle, se llevó el premio a Mejor largometraje argentino y también el Premio del Público.
  • En la Competencia Internacional, el máximo galardón fue para “Hair, Paper, Water…”.

Uno de los aspectos que más me impactó fue la posibilidad concreta de ver rápidamente en cartelera una película premiada. En tiempos donde muchas producciones independientes tardan meses en llegar al público, esta decisión acorta la distancia entre el festival y la audiencia.

La edición también tuvo momentos de reconocimiento con homenajes a figuras clave de la cultura argentina como Luis Puenzo y Luis Brandoni, lo que aportó una cuota de historia y emoción al evento.

Si hay algo que deja esta edición del BAFICI es la confirmación de que el cine independiente no solo resiste, sino que se reinventa constantemente. Para mí, lo más importante es cómo el festival logra conectar historias, miradas y públicos diversos en un mismo espacio. “Plata o mierda” representa justamente eso: una narrativa potente que ahora salta del circuito festivalero a la pantalla grande sin escalas. Esa inmediatez es clave para sostener el interés y fortalecer la industria local.