En un encuentro clave, el Gobierno porteño y UNICEF pusieron sobre la mesa una pregunta concreta: cómo hacer que cada peso destinado a la niñez realmente llegue y se pueda medir. La reunión marca el inicio de una etapa técnica que podría impactar en la planificación y la transparencia del presupuesto.
La verdad, cuando uno escucha “análisis presupuestario con enfoque de niñez”, suena a algo lejano. Pero no. Estamos hablando de saber con claridad cuánto invierte la Ciudad en chicos y adolescentes, cómo lo hace y si alcanza. Eso fue, en criollo, lo que se debatió en una reunión entre el Gobierno de la Ciudad y UNICEF, dentro de una agenda conjunta que busca fortalecer las políticas públicas para la infancia.
Este encuentro se dio como parte del trabajo que la Ciudad viene desarrollando con el organismo internacional. Fue una primera instancia técnica, de esas donde no hay anuncios rimbombantes pero sí mucha información sobre la mesa 📊. Se compartieron experiencias nacionales y provinciales, marcos conceptuales y distintas formas de analizar el presupuesto con perspectiva de niñez.
Por el lado de UNICEF participaron Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social y Monitoreo, y Julia Frenkel, experta en Inversión Social. Ellos presentaron la metodología que el organismo desarrolló para medir y hacer seguimiento del presupuesto transversal de niñez y adolescencia.
¿Qué significa eso? Básicamente:
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📌 Identificar cuánto del presupuesto total está realmente dirigido a niñas, niños y adolescentes.
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📌 Sistematizar información fiscal de calidad, para que no quede librado a estimaciones.
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📌 Generar herramientas que mejoren la planificación y la toma de decisiones.
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📌 Avanzar en esquemas más transparentes y comparables en el tiempo.
Desde el Gobierno de la Ciudad participaron representantes de la Subsecretaría de Relaciones Internacionales y de las áreas que integran la Mesa Interministerial de Primera Infancia. Esto no es un dato menor: la agenda de niñez no depende de un solo ministerio, sino que atraviesa salud, educación, desarrollo social y otras áreas.
Durante el intercambio se discutió algo central: la relación directa entre el presupuesto público y la garantía de derechos. Porque no alcanza con declarar derechos; hay que financiarlos. También se analizaron los criterios para identificar qué parte del gasto es inversión social destinada a esta población y cuáles podrían ser los beneficios de aplicar un enfoque transversal.
Entre los puntos más destacados se mencionaron:
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💡 Mayor eficiencia en el uso de recursos.
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⚖️ Más equidad en la asignación presupuestaria.
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🔎 Transparencia y acceso a información basada en evidencia.
En palabras simples, la idea es que el presupuesto deje de ser una caja negra y se convierta en una herramienta clara para saber si realmente se está priorizando a quienes más lo necesitan.
En el centro de esta noticia hay algo que no podemos perder de vista: contar con datos fiscales ordenados y confiables permite planificar mejor y evitar decisiones improvisadas. La metodología presentada por UNICEF apunta justamente a eso: a transformar números dispersos en información estratégica que ayude a proteger derechos de forma concreta y medible.
Es un paso para que el debate sobre niñez deje de ser declamativo y pase a ser cuantificable. Porque cuando los números se ordenan, también se ordenan las prioridades.